¿Es razonable que una persona vaya a prisión por dañar el Honor de otra?

¿Es razonable que una persona vaya a prisión por dañar el Honor de otra?

¿Es razonable que una persona vaya a prisión por dañar el Honor de otra?

Uno de los hechos que marcó el inicio del año, siendo portada en diversos diarios y tema principal en diversos programas de televisión, sin que esto significara que fuera un tema de relevancia, fue la prisión efectiva a la que fue condenado el señor Ricardo Zúñiga, conocido en el ambiente farandulero como “Zorro Zupe”, por haber difamado al futbolista Carlos Zambrano en el conocido y extinto programa “El Valor de la Verdad”.

Este hecho generó diversas reacciones entre la gente, bastaba con dar una ojeada a los comentarios que se vertieron en las redes sociales para darse cuenta de las emociones que suscitó esta prisión efectiva. Algunos, fastidiados por lo que llamaron “televisión basura”, aplaudieron que se haya encarcelado a una persona cuyo único mérito es hablar de su relación con personas “famosas” para lucrar con ello. Otros, encolerizados por lo que consideraron un insulto ante la racha de violaciones a menores de edad, despotricaron contra esta decisión llamándola “cortina de humo”.

Si bien, posteriormente, la Primera Sala Penal de la Corte Superior de Justicia de Lima revocó dicha sentencia, en el extremo de la pena -al reformarla en una pena suspendida- lo cual permitió la excarcelación de este señor, no hubo duda de la comisión del delito, puesto que como la misma sala lo afirma “quedó probado que el querellado atribuyó al agraviado un hecho y comportamiento que dañó su honor”.

Ante tales hechos surge la pregunta ¿es razonable que una persona vaya a prisión por dañar el honor de otra?

Si bien para algunos la prisión efectiva puede significar una medida desproporcionada, ante un hecho que consideran poco lesivo, en comparación con un hecho grave como el de violación; es importante saber que el honor es un bien jurídico, de tal trascendencia, que se encuentra reconocido como derecho fundamental en nuestra Constitución vigente, la que en su artículo 2, numeral 7 prescribe: Toda persona tiene derecho: (…) 7. Al honor y buena reputación (…). Esto es así, porque se considera al honor como un derecho fundamental íntimamente ligado a la dignidad de la persona, por lo que cualquier ataque dirigido a mancillar el honor es un ataque directo e inmediato a la dignidad de la persona. De ahí que sea necesario la creación de mecanismos para su tutela efectiva, puesto que de no existir éstos, el Estado incumpliría el fin que le da razón de ser a su existencia, y que se encuentra prescrito en el artículo 1 de la Constitución, que a la letra dice: “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”.

Precisamente, uno de los mecanismos utilizados por el Estado para proteger el honor y buena reputación se da en el ámbito penal, al tipificar como delitos aquellas conductas orientadas a dañar este derecho a fin de poder imponer una pena a su autor. De este modo, se ha incorporado en nuestro Código Penal, el Tìtulo II: Delitos contra el Honor, donde encontramos la Injuria, la Calumnia y la Difamación, siendo el común denominador de estos delitos su acción privada, es decir, que para dar inicio a un proceso penal contra la persona que haya incurrido en cualquiera de estos delitos será necesario que el directamente ofendido interponga una querella ante el Juzgado Penal correspondiente para su tramitación, a esto se le denomina el ejercicio privado de la acción penal.

A la luz de lo mencionado hasta aquí, podemos discrepar o no de la condena impuesta contra este señor, pudiendo debatir la clase de pena que debe imponerse en tales casos, pero lo que sí debe quedar claro es que el derecho al honor y buena reputación no ha pasado de moda, ni tiene un contenido superficial o caprichoso, sino más bien, la necesidad de su protección se hunde en las raíces mismas de la esencia del hombre y de su dignidad intrínseca como ser humano.

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